Amor...
Hay quien dice que para llegar a quererse bien hay que haberse querido mucho, incluso de muchos modos distintos. Que hay que quererse mucho sin ser feliz. Que hay que quererse, coño.
Obviamente, yo nunca me quise lo suficiente pero intenté querer lo mejor posible lo que no significa que lo haya conseguido en alguna ocasión. La verdad es que no lo sé, igual estaría bien hacer un test a ciertas personas que hayan pasado por mí o estén en mi vida aún.
Hay quien dice que el peor desamor posible es el de no haber amado nunca. O como dice Calamaro, “debería de estar prohibido haber vivido sin haber amado”.
Hay quien cree que la manera de quererse bien es queriendo bien y hay quien piensa que que te quieran bien es imposible si no te quieres tú misma.
Hay quien afirma que el amor de una madre es el único incondicional que hay.
Y también hay quien dice que no se quiere bien o mal. Simplemente se quiere. O se odia.
Yo, a día de hoy, sólo sé que hay que querer tal como lo sientas, que cuando ya no se quiere hay que decir adiós (sea pareja, amigos, trabajo, vecinos, deseos, sueños, etc), que hay que quererse tal cual eres o al menos querer bien lo que más quieres de ti misma. Y a lo que no soportas hacerle la vida imposible hasta que desaparezca o aliarte para ser más fuerte…
Hay parejas que siguen juntas pese a no sentir nada en común. Hay amigos que se soportan porque son muchos años juntos. Hay gente que te quiere por interés. Hay madres que no son incondicionales e hijos que sí lo son. O viceversa. Hay amores tan grandes como los de un perro y tan pequeños como los del dueño que lo abandona. Hay quien llama amor al cariño, a la costumbre, al interés, al momento adecuado, al miedo a la soledad…
No soy alguien especialmente orgullosa de mí misma, pero si de algo estoy orgullosa a estas alturas es de que cuando quise fue de verdad y cuando se acabó también. Que, por fin, he llegado a ese punto especial en el que no quiero muchos amores, del tipo que sean, sino sólo los mejores, los más difíciles de querer y los que más me quieren dándome menos. A los que yo pueda querer de la única manera que tengo de hacerlo y ellos crean que merece la pena…
He aprendido a querer a mi soledad porque ya sé lo que es perderla y he aprendido a echar de menos en menor grado, porque todos a los que quiero van dentro de mí. Espero que os queráis mucho, que os quieran mucho y que no se os caduque ningún amor, aunque todos lleven esa fecha de caducidad escondida en algún rincón (pero no pienso deciros dónde...).
Hay quien dice que para llegar a quererse bien hay que haberse querido mucho, incluso de muchos modos distintos. Que hay que quererse mucho sin ser feliz. Que hay que quererse, coño.
Obviamente, yo nunca me quise lo suficiente pero intenté querer lo mejor posible lo que no significa que lo haya conseguido en alguna ocasión. La verdad es que no lo sé, igual estaría bien hacer un test a ciertas personas que hayan pasado por mí o estén en mi vida aún.
Hay quien dice que el peor desamor posible es el de no haber amado nunca. O como dice Calamaro, “debería de estar prohibido haber vivido sin haber amado”.
Hay quien cree que la manera de quererse bien es queriendo bien y hay quien piensa que que te quieran bien es imposible si no te quieres tú misma.
Hay quien afirma que el amor de una madre es el único incondicional que hay.
Y también hay quien dice que no se quiere bien o mal. Simplemente se quiere. O se odia.
Yo, a día de hoy, sólo sé que hay que querer tal como lo sientas, que cuando ya no se quiere hay que decir adiós (sea pareja, amigos, trabajo, vecinos, deseos, sueños, etc), que hay que quererse tal cual eres o al menos querer bien lo que más quieres de ti misma. Y a lo que no soportas hacerle la vida imposible hasta que desaparezca o aliarte para ser más fuerte…
Hay parejas que siguen juntas pese a no sentir nada en común. Hay amigos que se soportan porque son muchos años juntos. Hay gente que te quiere por interés. Hay madres que no son incondicionales e hijos que sí lo son. O viceversa. Hay amores tan grandes como los de un perro y tan pequeños como los del dueño que lo abandona. Hay quien llama amor al cariño, a la costumbre, al interés, al momento adecuado, al miedo a la soledad…
No soy alguien especialmente orgullosa de mí misma, pero si de algo estoy orgullosa a estas alturas es de que cuando quise fue de verdad y cuando se acabó también. Que, por fin, he llegado a ese punto especial en el que no quiero muchos amores, del tipo que sean, sino sólo los mejores, los más difíciles de querer y los que más me quieren dándome menos. A los que yo pueda querer de la única manera que tengo de hacerlo y ellos crean que merece la pena…
He aprendido a querer a mi soledad porque ya sé lo que es perderla y he aprendido a echar de menos en menor grado, porque todos a los que quiero van dentro de mí. Espero que os queráis mucho, que os quieran mucho y que no se os caduque ningún amor, aunque todos lleven esa fecha de caducidad escondida en algún rincón (pero no pienso deciros dónde...).





No hay comentarios:
Publicar un comentario